4 de octubre de 2016

04 de Octubre Mueres Juan Antonio Pérez Bonalde




Poeta venezolano considerado el mejor exponente del Romanticismo en su país. Tardíamente llegó el Romanticismo poético a Venezuela de la mano de Juan Antonio Pérez Bonalde, pero no hubiese podido escoger mejor guía que este poeta. Su vida estuvo marcada por la pobreza y el exilio, las penurias y los trabajos ingratos y la pérdida de seres queridos, pero nada de ello le impidió atesorar una cultura literaria sin parangón en la Venezuela de su época. Como los grandes románticos europeos, fue adicto al opio y a los viajes, reales e imaginarios. Tuvo la suerte de llegar tarde al Romanticismo, gracias a lo cual pudo ahorrarse los aspectos más declamatorios y altisonantes de este movimiento, y la desgracia de morir antes de ver confirmado el carácter anunciador y precursor de su poesía en la de los venezolanos que le sucedieron. Se ha dicho de él que, después de Andrés Bello, fue, en el siglo XIX, el poeta más alto y cosmopolita de la historia del país.

Si algo marcó la vida de Juan Antonio Pérez Bonalde fue su condición de desterrado; casi la mitad de ella la pasó involuntariamente fuera de Venezuela. Entre 1861 y 1864 vivió en Puerto Rico y Saint Thomas, junto con su familia, para huir de la Guerra Federal. Durante esa época se desempeñó como maestro en un colegio que fundó su padre. Ya para entonces conocía varios idiomas extranjeros. En 1870 se vuelve a ir de Venezuela por ser enemigo político de Guzmán Blanco, hasta que regresa definitivamente al país en 1889, cuando ya estaba moral y físicamente destrozado, con muy poco tiempo de vida. A excepción de un corto período en Venezuela durante 1876, en esos casi 20 años vive en Nueva York donde, de acuerdo a Arturo Uslar Pietri, trabajó para una empresa farmacéutica, lo que le permitió viajar como representante comercial, conocer lugares exóticos y aprender nuevas lenguas. Además, conoció y entabló amistad con José Martí, uno de los iniciadores del modernismo, y con Nicanor Bolet Peraza, escritor y compatriota suyo que también estaba exiliado. Allí contrajo matrimonio, desastroso desde sus comienzos, del cual tuvo a su única hija, Flor, cuya muerte lo lanzó a refugiarse en el alcohol y las drogas, vicios que lo condujeron tempranamente a la tumba en 1892, a los 46 años de edad.


El 4 de octubre de 1892 fallece en La Guaira. Once años después (1903) sus restos son trasladados a Caracas en medio de solemnes honras fúnebres. Y desde 1946, centenario de su nacimiento, sus cenizas reposan en el Panteón Nacional.