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13 junio 2017

13 de Junio Nace el General José Antonio Páez


Nace en el caserío Curpa, cerca de Acarigua, el que iría a ser general José Antonio Páez, prócer de la Independencia, una de las figuras más famosas de la historia Patria. A Páez le toco desempeñar un papel de primera en la gran batalla de Carabobo. Fue su división la que decidió el triunfo del importante combate, con el que se logró la independencia del país. Más adelante logro desalojar a los realistas de Puerto Cabello, ultimo sitio ocupado por los españoles.

General en Jefe de la Independencia de Venezuela. Presidente de la República en tres ocasiones. Se le conoció con algunos de los siguientes calificativos: "El Centauro de los llanos", "El León de Payara" y "El Taita". La historiografía tradicional lo ha acusado (¿injustamente?) de traicionar a Simón Bolívar, por encabezar en 1826 el movimiento denominado como "La Cosiata", el cual buscó separar a Venezuela de la Gran Colombia. La figura de Páez dominó la escena política venezolana a partir de la Batalla de Carabobo en 1821, hasta el Tratado de Coche en 1863, cuando concluyó la Guerra Federal.

El 24 de marzo de 1831 Páez fue electo presidente constitucional de Venezuela por 136 votos de los 158 sufragantes surgidos de las asambleas electorales. En este primer gobierno, llevó a cabo una labor organizadora del Estado, con medidas administrativas en materia de impuestos, inmigración, liberalización del crédito, educación, orden público, y asuntos internacionales. Durante este período, Páez enfrentó dos crisis: la resistencia a jurar la constitución por parte del Arzobispo de Caracas, Ramón Ignacio Méndez, que terminó con la expulsión de éste, y el alzamiento de los generales José Tadeo Monagas y José Gregorio Monagas (primero con el pretexto de restituir la Gran Colombia y luego en favor de la autonomía de un Estado Oriental) que fue contenido militarmente y concluyó con un convenio entre Páez y los jefes orientales.

En 1835 entregó el poder a su oponente José María Vargas. Ese mismo año aplacó la insurrección militar conocida como la Revolución de las Reformas, colocándose del lado del gobierno constitucional y del derrocado presidente. En 1838 fue electo para una segunda presidencia que asumió el 1 de febrero de 1839. En este nuevo mandato siguió ocupándose de la educación, el crédito exterior, la deuda pública contraída por la antigua República de Colombia y repatrió los restos mortales del Libertador. En enero de 1843, fue sustituido en la presidencia de la república por el general Carlos Soublette.

En Calabozo, el 4 de febrero de 1848 inició Páez un movimiento armado contra el gobierno de José Tadeo Monagas. En la batalla de Los Araguatos (10.3.1848) fue derrotado por José Cornelio Muñoz, emigrando a Nueva Granada, siguiendo a Santa Marta y de allí a Curazao. El 2 de julio de 1849 invadió Venezuela por la Vela de Coro; ofensiva que concluyó con su captura en Macapo (Edo. Cojedes) por parte del general José Laurencio Silva, quien lo remitió a Caracas. Monagas lo encarceló en el castillo de San Antonio de la Eminencia de Cumaná, donde lo visitaron su esposa Dominga Ortiz y su hija; de allí salió el 23 de mayo de 1850 al destierro.

Volvió a Venezuela el 18 de diciembre de 1858 a solicitud del presidente Julián Castro y de la Convención de Valencia, para que se encargue del ejército y de la pacificación del país, convulsionado por el alzamiento de los promonaguistas, liberales y federalistas. Cuando estos últimos proclaman la Federación el 20 de febrero de 1859 en Coro (Guerra Federal), el gobierno central lo nombró jefe de operaciones en la Provincia de Carabobo; pero al no obtener las amplias facultades que exigió, renunció en abril, y optó por regresar a los Estados Unidos, país en el que había estado durante su destierro. A su regreso, fuerzas conservadoras leales a él derrocaron al presidente constitucional, Pedro Gual, y Páez lo sustituyó como Jefe Supremo de la República, el 10 de septiembre de 1861. Las consecuencias de este golpe de Estado repercutieron hondamente desde entonces en la historia del país ya que por primera vez alguien recurría exitosamente a la dictadura violentado la constitución y las instituciones republicanas por motivos meramente personalistas. Esta acción sentó un claro precedente de cómo alguien, con suficiente poder y evocando supuestas razones superiores a la ley, podía pasar por encima de los poderes constituidos sin problema alguno; un legado que no tardó en ser practicado por otros caudillos venezolanos. Todo el año 1862 y parte de 1863, condujo El Centauro de los Llanos la guerra contra los federalistas encabezados por Juan Crisóstomo Falcón. Finalmente el Tratado de Coche pone fin a las hostilidades en abril de ese año. Páez gobernó nominalmente en Caracas hasta mediados de junio; el 13 de agosto salió de Venezuela por tercera y última vez, estableciendo su residencia en los Estados Unidos.

En su exilio se dedicó a viajar y escribió su autobiografía. El 13 de julio de 1867, el gobierno de Venezuela le expidió el diploma que lo acreditaba como Ilustre Prócer de la Independencia Suramericana. El 6 de mayo de 1873 murió en Nueva York. Sus restos fueron repatriados y sepultados en el Panteón Nacional, el 19 de abril de 1888.

03 febrero 2017

3 de Febrero de 222 años del Natalicio de Antonio José de Sucre 1795-1830 (Actualizado)




El General Antonio José de Sucre nació en la ciudad de Cumaná, provincia de Venezuela, el 3 de Febrero de 1795, de padres ricos y distinguidos.

Recibió su primera educación en la capital de Caracas. En el año de 1802, principió sus estudios en Matemática para seguir la carrera de ingeniero. Empezada la revolución se dedicó a esta arma y mostró desde los primeros días una aplicación y una inteligencia que lo hicieron sobresalir entre sus compañeros. Muy pronto empezó la guerra, desde luego el General Sucre salió a campaña. Sirvió a las órdenes del General Miranda con distinción en los años 11 y 12. Cuando los Generales Mariño, Piar, Bermúdez y Valdez emprendieron la reconquista de su patria, en el año de 13, por la parte oriental, el joven Sucre les acompañó a una empresa la más atrevida y temeraria. Apenas un puñado de valientes, que no pasaban de ciento, intentaron y lograron la libertad de tres provincias. Sucre siempre se distinguía por su infatigable actividad, por su inteligencia y por su valor. En los célebre campos de Maturín y Cumaná se encontraba de ordinario al lado de los más audaces, rompiendo las filas enemigas, destrozando ejércitos contrarios con tres o cuatro compañías de voluntarios que componían todas nuestras fuerzas. La Grecia no ofrece prodigios mayores.

Después de la batalla de Boyacá, el General Sucre fue nombrado Jefe del Estado Mayor General Libertador, cuyo destino desempeñó con su asombrosa actividad. En esta capacidad, asociado al General Briceño y Coronel Pérez, negoció el armisticio y regularización de la guerra con el General Morillo el año de 1820. Este tratado es digno del alma del General Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; él será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho.

El General Sucre formó, en fin, un ejército respetable durante aquel armisticio con las tropas que levantó en el país, las que recibió del Gobierno de Colombia y con la división del General Santa Cruz que obtuvo del Protector del Perú, por resultado de su incansable perseverancia en solicitar por todas partes enemigos a los españoles poseedores de Quito.

El General Sucre, bien pronto, fue destinado a una doble misión militar y diplomática cerca de este gobierno, cuyo objeto era hallarse al lado del Presidente de la República para intervenir en la ejecución de las operaciones de las tropas colombianas auxiliares del Perú. Apenas llegó a esta capital, que el gobierno del Perú le instó, repetida y fuertemente, para que tomase el mando del ejército unido; él se denegó a ello, siguiente su deber y su propia moderación hasta que la aproximación del enemigo con fuerzas muy superiores convirtió la aceptación del mando en una honrosa obligación.

La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina. Maniobras hábiles y prontas desbarataron en una hora a los vencedores de catorce años, y a un enemigo perfectamente constituido y hábilmente mandado. Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho semejante a Waterloo, que decidió del destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla, y contemplarla sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza.

Como lo expresa muy bien el historiador Tomás Polanco Alcántara, "el símbolo de la continuidad de Bolívar era Antonio José de Sucre. Paulatinamente, por su talento personal, por sus dotes intelectuales y por su espíritu altivo, digno y limpio, Sucre se fue convirtiendo en el complemento indispensable de Simón Bolívar. [...] Respetado por los argentinos, los chilenos y los peruanos, admirado por los bolivianos y quiteños, sin enemigos en Venezuela y en la Nueva Granada y con todos sus antecedentes, Sucre estaba destinado a ser el natural sucesor de Bolívar".

Sin embargo eso no sucedería. De camino a Quito, adonde iba a reunirse con su familia, fue emboscado y asesinado el 4 de junio de 1830 en la sierra de Berruecos, ubicada en Colombia. Se le atribuye su muerte a José María Obando, jefe militar de la provincia de Pasto. Al escuchar las noticias de su muerte Bolívar dijo: "Lo han matado porque era mi sucesor".

El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.




24 octubre 2016

24 de Octubre Natalicio de Rafael Urdaneta (1788)


Hoy se cumplen 228 años del nacimiento del General Rafael Urdaneta, militar y político venezolano, quien fuera prócer de la Independencia de Venezuela y presidente de la Gran Colombia.

Al terminar sus estudios de bachillerato, Rafael Urdaneta viaja a Bogotá para continuar con su formación académica.

El 20 de julio de 1810 en Bogotá, se une al movimiento revolucionario independentista, comenzando su actuación militar. En 1811, se une a Simón Bolívar en la campaña del sur de Nueva Granada. Urdaneta participó en varias acciones durante la Campaña Admirable liderada por Simón Bolívar, destacándose bajo las órdenes del coronel José Félix Ribas el 2 de julio de 1813 en la batalla de Niquitao, y combatió en la batalla de Taguanes contra las fuerzas realistas del Coronel Julián Izquierdo. En su informe al Congreso de la Unión en Tunja, Simón Bolívar recomendó a Urdaneta, describiéndole como digno de todas las consideraciones del gobierno por el valor e inteligencia demostrado en la acción.

En 1814, defiende heroicamente a la ciudad de Valencia, para el año de 1815, es nombrado General de División.

Fue probablemente quien más recorrió todo el territorio nacional luchando por la República. Después de numerosas acciones militares, entre las cuales destacan la retirada hacia la frontera en 1814, la toma de Maracaibo, en 1821 y la marcha hacia San Carlos, previa a la batalla de Carabobo, en la cual no pudo participar por órdenes de Bolívar, dado el grado de agotamiento de sus tropas. Sin embargo, por los servicios prestados, el Libertador pidió su ascenso a General en Jefe.

Fue uno de los jefes militares más leales a Bolívar. En 1828, desde la secretaría de Guerra, juzgó a los integrantes de la Conspiración Septembrina, quienes atentaron contra Bolívar, para ese momento presidente de la Gran Colombia. Convencido de la culpabilidad de Santander, Urdaneta le condenó por no haber impedido la "conspiración contra el jefe supremo de la nación". Al servicio de los máximos ideales de la República, en 1830 trató de salvar la obra bolivariana y la unidad de la Gran Colombia, encargándose de la presidencia, pero la historia dispuso que fuera Urdaneta el último presidente de la Gran Colombia.

En 1845, participa en las negociaciones para la firma del tratado que reconoce la independencia de Venezuela por parte de España.


Muere en París, el 23 de agosto de 1845, a los 56 años. En el año de 1876 sus restos fueron trasladados a Venezuela y sepultados en el Panteón Nacional.

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