16 de junio de 2016

16 de Junio Nace Arturo Michelena (1863).


Arturo Michelena fue el artista plástico de mayor renombre en Venezuela para el siglo XIX, marcando pauta y un estilo único, que tras su muerte a muy temprana edad, lo convertiría en un genio del pincel.

Arturo Michelena nació en Valencia el 16 de junio de 1863. Desde muy niño, mostró la agilidad de sus manos con el lápiz. Con tan sólo 11 años dibuja con detalle su propio autorretrato.

En 1879, con apenas 16 años, funda junto a su padre una academia de pintura y comienza a adquirir cierto renombre por sus retratos al óleo.

Para la celebración del centenario del natalicio del Libertador Simón Bolívar, en 1883, se abre el Concurso de Pintura Nacional. Los artistas más destacados de la época participaron en el encuentro: Herrera Toro, Tovar y Tovar, Emilio Maurí, entre otros.

Arturo Michelena está inmerso entre aquellos pintores de segunda categoría. En aquel momento, Cristóbal Rojas recibe todos los honores del concurso, pero la pintura del joven valenciano no pasa inadvertida.

A comienzos del año 1885, consigue una beca de 60 pesos mensuales asignada por el Gobierno del General Joaquín Crespo. De esta manera, continúa sus cursos de perfeccionamiento en París en la Academia Julián, institución de máximo prestigio en la enseñanza de la pintura.

Y      a en tierras europeas, Arturo Michelena se entrega con ahínco al trabajo, participa del Salón de Arte y obtiene la máxima calificación para un novato, por lo que se le concede una mención honorífica.

En 1887, participa en un segundo salón, donde presenta dos obras: “Una visita electoral” y “El niño enfermo”. Por decisión unánime, el jurado calificador acuerda premiar “El niño enfermo” con la Medalla de Oro de Segunda Clase y el reconocimiento Hors Concours, máximo galardón que se entrega a un pintor extranjero.

En 1889, Michelena pinta dos óleos de gran formato: “La Joven Madre” y “Carlota Corday”, obra de corte histórico, con la cual obtiene Medalla de Primera Clase en la Gran Exposición Universal de París.

El artista plástico regresa a Venezuela como todo un héroe nacional. Con sólo 26 años, Michelena se convierte en un gran ídolo popular por sus logros y es admirado por los artistas noveles.

El 17 de julio de 1890 contrae matrimonio con Estenia Tello Mendoza, hija del general José Ramón Tello. Poco más tarde, los esposos viajan a Francia, pero Michelena, quien siempre fue enfermizo, no logra adaptarse al clima y sus pulmones se ven afectados considerablemente.

Pese a su condición de salud, el artista inicia un proyecto de grandes dimensiones: “Pentesilea”. El cuadro fue expuesto en 1891 en el Salón de París al lado de los grandes maestros de la pintura oficial francesa, en el sitio más destacado del Palacio de los Campos Elíseos, junto a obras de Laurens y de Henri Martin.

Una serie de actos se organizan en 1896 para conmemorar los 80 años de la muerte de Francisco de Miranda, entre los que destacan una exposición de pintura en honor al prócer. En aquel momento, Michelena elabora una de sus obras más célebres “Miranda en la Carraca”, pintura de reminiscencias neoclásicas, hecha con gran austeridad de medios.

Tras su avanzada enfermedad, Arturo Michelena fija su lugar de residencia en Los Teques. En 1898 recibe un último encargo por parte de Monseñor Críspulo Uzcátegui, arzobispo de Caracas, para pintar “La Última Cena”, obra que no pudo terminar por su delicado estado de salud. El artista plástico muere al poco tiempo, a la edad de 35 años.
Arturo Michelena falleció el 29 de julio de 1898 en Caracas, en su casa de La Pastora. Inmediatamente se realizó una exposición individual en homenaje al artista. Cincuenta años después de su muerte, el 29 de julio de 1948, sus restos fueron trasladados del Cementerio General del Sur al Panteón Nacional, y en 1960 el gobierno compró su casa de La Pastora, que fue tres años después convertida en Museo Arturo Michelena. Entre éste y la Galería de Arte Nacional se reparte buena parte de la obra del pintor de escenas tan emblemáticas como diferentes en pretensión: La joven madre (1889) y Vuelvan caras (1890), que se han convertido en fragmentos obligatorios de la iconografía venezolana.